martes, 11 de enero de 2011

Mi Rayuela...


Cuando ayer el profesor leyó unas líneas de Cortázar, con toda honestidad, dejé de prestar atención… no porque no me interesase, sino porque inmediatamente recordé 'Rayuela ' y no pude evitar abstraerme y remitirme a aquella obra que, como en clase el profesor apuntó sobre el autor, me resultaron fruto de una cabeza majestuosa, de una belleza inimitable y de una sensibilidad única.
Así, me parece buena ocasión para copiar un fragmento de ese libro que, en parte o por completo (sería absurdo resumir ya que, mi lectura, mi Rayuela, no será la misma que la del otro, o la del de más allá), resultan fascinantes.

El fragmento en cuestión me parece casi un cuadro; en mi cabeza es una imagen, unos colores, un instante… que cada vez que leo, me parece más hermoso.

Capítulo 7: “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”.

viernes, 7 de enero de 2011

copiar no es robar


En el enlace que antecede a estas líneas es posible escuchar y visualizar algunas de las opiniones que empresarios, periodistas, directores de cine, y demás defensores y/o detractores de algo así llamado 'propiedad intelectual', han venido vertiendo sobre uno de los temas más polémicos que ha vivido nuestro país en los últimos meses.
El debate pone de manifiesto los diferentes intereses económicos que se ocultan detrás de 'lo cultural' y la relevancia que tiene su  libre reproducción a través de 'la red'.
Sin duda, y más allá de las reflexiones que pueden desarrollarse en el análisis de lo que es 'propiedad'; qué es 'la cultura' y cuáles son los derechos del 'intelectual'; bastarán las siguientes líneas que Thomas Jefferson  escribió en su carta a Isaac Mc Pherson para introducir lo que, a mi juicio, es verdaderamente relevante de la cuestión:
" Si la naturaleza produjo algo menos susceptible de propiedad exclusiva que las demás, es poder pensar algo que llamamos idea; que un individuo consiga algo en forma exclusiva apenas se sostiene por sí mismo. Pero, en el momento en que se la divulga, forzosamente la posee todo el mundo y quien la recibe no se desprende de ella. Su característica peculiar también es que nadie posee menos, porque todos los demás la poseen íntegramente. Quien recibe una idea de mí, recibe la instrucción sin que haya disminuido la mía, de la misma forma que quien enciende una luz dentro de la mía, recibe luz sin que la mía se apague."

Efectivamente, determinar 'lo intelectual', 'la idea'  como una mercancía de propiedad exclusiva, es simplemente una estupidez; porque en cualquier caso, se multiplica su tenencia, pero nunca se 'roba' o una idea es 'desposeída'; valga la expresión.
Como, nos ilustran las siguientes viñetas: copiar no es robar.

http://www.youtube.com/watch?v=ef-OExpQEcU 

Así, me dispongo a defender lo que es para mí realmente importante del conflicto, siendo esto, el valor que tiene el libre acceso a ‘la cultura’ a la hora de acumular ‘capital cultural’ y democratizar así una esfera determinante en la conformación de las diferencias de clase.
Por mucho que los representantes de la SGAE defiendan que la libertad no es vulnerada con el “justo” pago de los derechos de autor, sin duda, lo que marca la libertad de adquisición de las mercancías no son  (sólo) sus trabas legales sino la capacidad que tiene el sujeto de hacerse con ello. ¡Vaya!, ¡resulta que acabamos de obviar el liberalismo y la globalización!; ¿ Quién compra? Mire usté, quien puede, no quien quiere.



martes, 4 de enero de 2011

Poder Militar y Poder Político: el papel geopolítico de China hoy


En primer lugar acudiremos a la obra de J. Agnew para acercarnos a su análisis histórico en torno a las variaciones de la imaginación geopolítica[1] en lo que él ha denominado las eras de la geopolítica; a fin de analizar las características que definen el actual marco geopolítico y el papel que China representa en el mismo.
-          Una primera era civilizatoria que se definiría por la existencia de una civilización europea ‘superior’ sobre el resto de culturas (no civilizadas)  y que dibujaría el equilibrio de poder entre los países europeos durante el siglo XIX.
-          Una segunda era naturalizadora que se sitúa desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX (fin de la II Guerra Mundial) la cual se caracterizaría por el desarrollo del imperialismo formal como practica política natural entendida en el marco científico y cultural del determinismo ambiental.
-          La tercera era sería la de la geopolítica ideológica contextualizada durante la Guerra Fría y que dibujaría un mapa de países divididos en dos bloques según las distintas formas de entender la organización política, económica…
Tras la caída de la Unión Soviética cabrá hablar de una nueva era geopolítica que, según Agnew, estaría esencialmente definida por “una sensación de incertidumbre respecto a cómo se podrá organizar la política mundial sin ella” ya que como no “existe un sustituto convincente de la antigua Unión Soviética, es preciso reconfigurar una vez más la imaginación geopolítica”. [2]
Así, plantea tres opciones posibles: a partir del régimen de acceso a los mercados y la oposición que concita en una economía global transnacional, a partir del choque de civilizaciones o de una unipolaridad estadounidense dado su ejercicio de imperialismo informal.
Dados los anteriores presupuestos, nos disponemos a afrontar el lugar de China en nuestra imaginación geopolítica tras la Guerra Fría; y a plantear la confluencia de las tres alternativas bajo el discurso hegemónico que dicta el régimen de acceso a los mercados en un mundo en el que el choque de civilizaciones sigue funcionando en nuestra imaginación y que nos permite comprender la figura del terrorismo islamista en la desestabilización de EEUU como potencia hegemónica.
Otorgamos, efectivamente a China un lugar central en esta desestabilización de la unipolaridad estadounidense dado que  “los mercados del capital están cada vez más integrados, por encima de las fronteras nacionales” de modo que  “Estados como china e India han experimentado considerables tasas de crecimiento económico que quizá auguren el principio de un cambio a largo plazo en la distribución de la renta global”. [3]
            Así,  encontramos un conjunto regional (ASEAN +3: Asociación de Naciones del Sureste Asiático + China, Japón y Corea del Sur) “cuya ambición es convertirse en un centro financiero cada vez más autónomo que dispone a día de hoy de más de la mitad de las reservas de divisas del planeta”[4].

Pero hemos de añadir que ésta reconfiguración mundial no sólo se ha producido en el campo económico. Se ha extendido asimismo al plano diplomático y al militar.  China, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU asume nuevas responsabilidades internacionales, tal y como observamos en sus relaciones con Corea del Norte o Irán. En este sentido, La India aspira a una posición similar apoyada por la Administración estadounidense, la cual pretende contener el avance de China: “Esperando que Nueva Delhi actúe como contrapeso, Washington le ha ofrecido un estatus de potencia nuclear respetable” (…). La importancia, de estos diálogos se debe al hecho de que los gastos militares explotan China les destina unos 58300 millones de dólares, lo que la sitúa en el tercer puesto mundial, tras EEUU (547 000 millones) y el Reino Unido (59700) [5].

            En cualquier caso, no debemos olvidar que la crisis económica que sacude el planeta       también ha afectado a China que, aprendiendo la lección de la crisis que afectó a Japón y “los dragones asiáticos” en 1997 y 1998, ha captado en primer lugar vcapital extranjero para modernizar su aparato de producción y desarrollar con ello sus exportaciones. Y aunque el crecimiento haya caído, sin embargo, Pekín ha mantenido el control sobre sus sistema financiero y ha acumulado grandísimas reservas; 1,8 billones de dólares en 2008, lo que le permite un amplio margen de maniobra. Esta cantidad, de la que una parte se concentra en fondos de inversión en poder del Estado (los llamados “fondos soberanos”) sirve para adquirir participaciones en empresas extranjeras o para comprar bonos estadounidenses.
           
Así, si en los años noventa, Asia sufría los desórdenes financieros nacidos n Occidente; “actualmente ayuda a limitar  los efectos de este nuevo acceso a la fiebre especulativa”[6].


[1] Se presupone el entendimiento del concepto geopolítica como el “estudio de la repercusión de las distribuciones y divisiones geográficas en la marcha de la política mundial. (…) En la actualidad , el término también se refiere al examen de todos los supuestos, designaciones e interpretaciones geográficas que intervienen en la elaboración de la política mundial –como ocurre en la geopolítica critica-, y como todos ellos cambian en concordancia con las condiciones materiales –geopolítica histórica-. (AGNEW, 2003).
[2]AGNEW, J (2005), Geopolítica: una re-visión de la política mundial, Madrid, Trama Pag. 137.
[3] AGNEW,J. Op. Cit.
[4] El Atlas de Le MONDE diplomatique 2010, pág. 81.
[5] El Atlas de Le MONDE diplomatique 2010, pág. 53.
[6] El Atlas de Le MONDE diplomatique 2010, pág. 52

lunes, 3 de enero de 2011

en respuesta al profesor...


En respuesta a la entrada publicada por el profesor, titulada 'Un blog que es fuente de interacción y de comunicación', escribí el siguiente comentario que, por su extensión, no se me permitía publicar en ese espacio.  

No estoy del todo de acuerdo, profesor. ( No por el contenido y la intención ,que comparto, sino porque creo que hay un error de entendimiento del conflicto).
Cuando usted dice: "Todo lo que tenga que ver con el control o con la nota o el examen es realmente poco significativo .... porque el objetivo no es aprobar, sino aprender", me llena de alegría y de esperanza; pero no dejo de pensar en que esto no es así, y que probablemente la forma de subvertir el elitismo y la unidireccionalidad ( profesor - alumno) de la enseñanza universitaria no está siendo efectiva.
Me explico, al tiempo que escribo estas líneas soy consciente de que probablemente usted esté enfadado y decepcionado o , en cualquier caso, este construyendo una opinión sobre mí que mediará de forma determinante en la nota final que usted me pondrá y que no será igual que la de otros compañeros ( no digo que sea mejor ni peor, pero en cualquier caso, distinta) porque no deja de ser usted quien, aunque no lo quiera, decide en último término el destino de nuestras notas que a su vez determinarán nuestras posibilidades académicas de futuro.
Me parece que dado que el sistema es injusto y estoy muy de acuerdo en que las notas no reflejan el esfuerzo y los progresos reales de cada alumno ( cada uno carga a sus espaldas diferencias de clase, culturales, de lenguaje...algunos trabajan, estudian otras cosas...), diferencias que marcan que no todos llegamos en las mismas condiciones y aprendemos al mismo tiempo; resulta muy difcícil escribir con valentía que la nota o el examen es poco significativo. Porque requeriría una entrevista personal con cada alumno, el conocimiento cara a cara y en igualdad de condiciones para poder evaluar justamente; ya que, repito, finalmente seremos evaluados en una relación de poder, que aunque usted quiera equilibrar lo más posible, lo cierto es que no creo que sea totalmente así. Quizás me adelanto a los acontecimientos, quizás le esté prejuzgando del modo en que creo que usted me prejuzgará, quizás desconfíe innecesariamente... pero lo cierto, es que me cuesta pensar de otro modo y espero, sin pensar en la nota final, que mis palabras no le hagan enfadar sino que le hagan pensar en mi lugar, en cómo me encuentro en esta relación frente a usted como alumna que será evaluada.

martes, 28 de diciembre de 2010

'Con' y no 'desde'


 Tras haber leído mi parte correspondiente  del libro de Sweezy sobre 'la teoría del desarrollo capitalista', sigo sin comprender porqué no leemos a los autores desde sí mismos; me explico, en los años que llevo de carrera he podido conocer todo lo que Marx NO tuvo en cuenta o todo aquello en lo que NO acertó... he leído a marxistas, marxólogos, marxianos... no sé cuántos términos existen para construir el universo Marx(-yloquesigue); sin embargo aún nadie ha tenido el valor de depositar en reprografía unas páginas de 'El capital' o de guiarnos y acompañarnos en las páginas del mismo. Me pregunto si yo como politóloga puedo terminar la carrera sin haber tocado 'El capital' y puedo escribir sobre los aciertos y desaciertos de Marx sin su lectura; ¿acaso Sweezy, Robert Jesop, Harvey, bla, bla, bla lo tocaron y lo abrieron? ¿ o es que hemos ido pasando de lector a lector y hubo un lector original que sí abrió El Capital?. 
Evidentemente no estoy en condiciones de afirmar o desmentir esto, puesto que mi lectura del mismo termina en la sección segunda del Tomo I; y sería necesario tiempo y apoyo académico para continuar con ello.
Pero, sin duda, sí estoy en condiciones de reclamar que leamos a los grandes desde sí mismos ( si se me permite la expresión) y, sin duda en compañía, CON y no DESDE. 
Aquí dejo un enlace para leer con Harvey.

http://davidharvey.org/2008/06/marxs-capital-class-01/

La acumulación y el ejército de reserva en ‘Teoría del desarrollo capitalista’ : Paul Sweezy


Cap. V La acumulación y el ejército de reserva en ‘Teoría del desarrollo capitalista’ : Paul Sweezy

En su análisis de la estructura del capitalismo, Marx se refiere a la  ‘Reproducción Simple’ como la forma más elemental en que dicha estructura se presentaría.  Con este concepto  pretende explicar cómo este sistema conservaría indefinidamente las mismas dimensiones y las mismas proporciones entre sus diversas partes o, dicho en otras palabras, cómo la escala de la producción no cambiaría de un año a otro.
Dado que esta producción se divide en dos grandes ramas: producción de medios de producción y producción de artículos de consumo, para que la condición anteriormente formulada se cumpliese, sería necesario que los propietarios de los medios de producción repusiesen el capital gastado en el ejercicio económico y empleasen todo el plusvalor[1]  en el consumo así como que los obreros emplearan  igualmente su salario en consumir. Si esto no se produjese tendría lugar una acumulación o bien un agotamiento de los medios de producción.
Así, podríamos distinguir una tercera categoría existente: el ingreso; que se divide, a su vez, en tres categorías: ingreso del capitalista[2] para  gastar en medios de producción, plusvalor o ingreso del capitalista libre para gastar y, por último, salario o ingreso del trabajador. Estos tres ingresos existen en ambas ramas de la producción.
De este modo, el esquema del plan de producción es útil porque muestra la estructura de las interconexiones entre la producción total y el ingreso, en términos de las clases de mercancías producidas y de las funciones de quienes perciben los ingresos. Si bien, este esquema no existe en la realidad ya que “la reproducción simple” no tiene en cuenta el interés del capitalista en ampliar su capital; omite la acumulación de capital que constituye la fuerza motriz del desarrollo del sistema capitalista.
Como ya hemos mencionado, el rasgo definitorio del capitalista es su interés por acumular capital. Esto puede llevarlo a cabo convirtiendo una parte del plusvalor obtenido (ingreso del capitalista libre para gastar) en capital adicional. Su capital acrecentado le permite entonces apropiarse de mayor plusvalor, que a su vez permite ser transformado en capital adicional, y así sucesivamente. Marx a este mecanismo lo llamará la “Reproducción ampliada”.
El fenómeno de acumulación de capital no resulta un deseo relativo a una cuestión antropológica sino relativo a la posición que ocupe el sujeto en esta particular y contingente forma de organización social que estamos estudiando: el sistema de producción capitalista.

Dicho lo cual, analizaremos la relación de las ofertas y demandas cuando la acumulación es tomada en cuenta, es decir, cuando los capitalista no consumen ya totalmente el plusvalor (tal y como describíamos en la ‘Reproducción Simple’), sino que ésta se divide en tres partes, una que consumen los capitalistas, otra que se integra al capital constante y una tercera que se suma al capital variable.
Efectivamente, nos interesa investigar los efectos de la cantidad acrecentada del capital variable, o lo que viene a ser lo mismo, la demanda acrecentada de fuerza de trabajo, que va implícita al proceso de acumulación.
Cuando aumenta la demanda de una mercancía cualquiera, su precio aumenta. La fuerza de trabajo no es una mercancía ordinaria; no hay capitalista que esté dispuesto a dedicarse a producir fuerza de trabajo en caso de que suba el precio de ésta. Bajo el capitalismo, el mecanismo que equilibra la oferta y la demanda está ausente en el caso de la fuerza de trabajo, existe una desviación del precio respecto del valor.. El plusvalor depende de la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor de la mercancía que el trabajador produce. La acumulación eleva la demanda de fuerza de trabajo y no es ya lícito suponer la igualdad entre los salarios y el valor de la fuerza de trabajo.
Así, si la demanda de trabajadores excede la oferta de trabajadores dispuestos a trabajar por ese salario  y por consiguiente los precios de los salarios suben, lo que detiene los salarios es para Marx ‘el ejército de reserva’;  concepto que refiere a aquellos obreros desocupados que mediante su competencia activa en el mercado de trabajo, ejercen una presión constante y hacia abajo en el precio del salario. Al tiempo que Marx contempla como la introducción de maquinaria que sustituya a empleados  provoca desempleo que, a su vez actúa sobre el nivel del salario mismo.; así como las crisis y depresiones que actuarían como mecanismos de reconstrucción del ejército de reserva cada vez que este es reducido a pequeñas proporciones.
Éste principio del ‘ejército de reserva’ es para Marx independiente de cualquier suposición particular sobre la población. En su teoría son principalmente las innovaciones tecnológicas las que se utilizan para economizar el trabajo y reclutar ‘ejército de reserva’; el cual es condición y premisa indispensable para la creación de plusvalor y mantenimiento de la clase propietaria de los medios de producción en el régimen de acumulación capitalista.


[1] utilizaré la expresión plusvalor y no plusvalía dado que la palabra utilizada por Marx en su edición alemana es mehrwert (mehr: más/ wert: valor); Ver MARX, K. (1953)  Das capital: kritik der politischen ökonomie Berlin : Dietz.
[2] Emplearemos el término capitalista para referirnos al propietario de los medios de producción.

lunes, 27 de diciembre de 2010

De Epicuro a Lucrecio



 El primer día de clase de S.E.M, el profesor leyó un fragmento de la obra de Epicuro, fragmento que yo ya había leído y que me hizo de nuevo recordar la grandeza del filósofo. Tras caer en mis manos posteriormente los poemas de Lucrecio, me animé a escribir las siguientes lineas:

Escribió Epicuro:  « […] hay que tener presente que hablamos de lo “incorpóreo” según el uso más frecuente del término, como aquello que puede ser pensado por sí mismo. Pero no es posible pensar por sí mismo nada incorpóreo, a no ser el vacío, y el vacío no puede ni realizar ni sufrir nada, sino tan sólo transmitir el movimiento. De modo que quienes afirman que el alma es incorpórea no saben lo que dicen, puesto que, si así fuera, no podría actuar ni padecer, y en cambio está claro que ambos accidentes son propios del alma.»

            Debemos enmarcar el presente fragmento perteneciente a la “Carta a Heródoto” en su concepción del mundo, de la naturaleza, como un compuesto de átomos y vacío; de cuyo planteamiento se deriva su  completa filosofía. Es decir, partiendo de una comprensión materialista de la naturaleza, Epicuro desarrolló de forma lógica toda una filosofía que explica, de forma coherente, fenómenos como el de la muerte que, tenidos bajo la superstición, pueden conducir a una vida infeliz y temerosa.
Por tanto, sólo por medio de la filosofía, del pensamiento y la investigación de la naturaleza, el ser humano puede ser libre y vivir sin miedo, felizmente.
            Dicho lo cual procedo a desarrollar esa concepción epicúrea de la naturaleza y a considerar de acuerdo a ella el alma humana tal y como el fragmento recoge.
Efectivamente, debemos partir de la precomprensión de que el universo es infinito (“Pues todo lo que tiene un límite, tiene un extremo, y este extremo lo es también respecto de otra cosa. […] el todo es infinito tanto por el número de cuerpos como por la extensión del vacío)[1]. Es decir, el universo existe y es ilimitado, por tanto, se compone de cuerpos de los que los que nos da testimonio la sensación y que tienen donde existir y moverse por la existencia de espacio, de vacío. Por tanto, el vacío es, existe.  (Podemos observar que esta idea aparece por primera vez en la concepción atomista de Demócrito de Abdera ).
Pensemos ahora en que efectivamente existe diversidad de cuerpos, ¿cuál es la causa?, ¿por qué podemos dar razón de ellos?
Cada cuerpo es una composición determinada de átomos y vacío, es decir, la existencia de cosas singulares se debe a la manera en que guardan distinta proporción de átomos y vacío unas de otras. Y en la medida en que esta proporción existe y es tal,  es una estructura, una razón determinada, podemos conocerla.
Ahora bien, si esa proporción cambia, es decir, se traspasa el límite de la forma esencial, podemos decir, que de acuerdo a lo expuesto anteriormente, se trata de otro compuesto, de otro cuerpo  con distinta proporción de átomos y vacío.
De modo que, nos encontramos con una serie de leyes que se derivan del rigor lógico con que Epicuro concibe al universo: todo es átomos y vacío, y el vacío es el lugar donde existen los átomos y donde pueden moverse (“no existe un comienzo de este movimiento: los átomos y el vacío son eternos”).
Podemos introducir ahora una primera conclusión: el ser humano se compone de cuerpo y alma, y el alma necesariamente es de carácter corpóreo, en la medida en que de no ser así y tal y como recoge el fragmento, habría de ser vacío; y como hemos explicado, el vacío es solamente donde tienen lugar los átomos y gracias al cual éstos pueden moverse. De tal forma que, el alma es corpórea aunque se diferencie del cuerpo en tanto que tiene distinta composición de átomos y vacío.  
A lo que podemos añadir una necesaria relación, esta es,  “separado del alma, el cuerpo no experimenta sensaciones, ya que por sí mismo no posee esta capacidad, pero las proporciona a algo que se ha formado conjuntamente con él, es decir, al alma”; por consiguiente, cuerpo y alma que integran el ser humano son cuerpos necesariamente, pero distintos, con distinta proporción de átomos y vacío; pero, para poder percibir las sensaciones cada uno tiene distintas propiedades, y dado que esas sensaciones sólo pueden percibirse por la recepción del movimiento, el alma requiere del cuerpo que las recibe y el cuerpo requiere del alma.
Así, que  afirmar que el alma es de carácter incorpóreo es afirmar que el alma es vacío y que por tanto es ausencia de átomos y  únicamente el espacio dónde éstos se mueven y por tanto  no cabe la sensación.
Comprendida esta conclusión necesaria podemos introducir el siguiente fragmento de la “Carta a Meneceo”: “Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. [...] El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe y cuando está presente nosotros no existimos”.
Por tanto, si para sentir dolor el cuerpo precisa del alma y el alma del cuerpo, y en la muerte desaparece esta relación; resulta absurdo vivir con miedo a la muerte. Vivir con miedo determina una conducta sumisa y esclava; por el contrario, el conocimiento por medio de la investigación de la naturaleza, nos permite comprender la determinación esencial del hombre y con él, la muerte.
Cabe realizar ahora una segunda conclusión: efectivamente el miedo y la servidumbre están causadas por la ignorancia, por la incomprensión de la naturaleza y por el desconcierto del hombre ante  los fenómenos que naturalmente (de acuerdo a leyes) tienen lugar en el universo. De modo que, la filosofía, el conocimiento de aquello que nos atormenta, proporciona tranquilidad, y es la condición de posibilidad de la felicidad. Son por tanto el conocimiento y la filosofía una medicina para el alma.
El pensamiento de Epicuro será referencia para posteriores filósofos e investigadores; entre los cuales destaca la obra poética de Lucrecio (99 - 55 a.C ), del cual a continuación, y a modo de conclusión final, cito un fragmento del poema titulado  “de rerum natura”: [2]

“(…) ¿Por ventura
No oís el grito de la naturaleza,
Que alejando del cuerpo los dolores.
De grata sensación el alma cerca,
Librándola de miedo y de cuidado?.





[1] Edición utilizada en las citas:   obras (5ª ed.) de Epicuro, tecnos 2005.

[2] De la naturaleza de las cosas: poema en seis cantos, de Lucrecio. Trad. del Abate José Marchena, Biblioteca clásica, Lib. de Hernando y Compañía- Madrid 1897